Leo al Dalai Lama y me enseña a mirar con mirada penetrante, a no quedarme en la superficie, a mirar con profundidad más allá de la vacuidad de los objetos, a mirarme a mí de este modo para saber quién soy, me hace reflexionar si el yo es el complejo mente-cuerpo, o si hay algo más allá y si lo hay qué es.

Reflexiono, medito, y cuando recobro la consciencia estoy en medio de un bosque de pinos, en una ladera inclinada posiblemente a kilómetros de cualquier otra persona, resoplando tras una hora de carrera a pie y un poco cansado pero muy relajado, con la mirada perdida fija en un tronco que se divide en dos y que justo en esa bifurcación está casi desnudo y sin corteza, naranja al atardecer, creando una forma realmente bonita, lo tengo. Mi cuerpo lo he de cuidar, me puede llevar a lugares como ése, un bosque intransitado en una zona recóndita del Guadarrama.

Entonces llego a la conclusión de que hay muchos yo, y que los encuentro cuando pongo en una misma línea: mi cuerpo, mis pensamientos, el tiempo, un lugar, etc, siendo consciente de la interdependencia que existe entre el yo y un todo del que dependo, que es mi origen y gracias al cuál existo.

Por tanto, me quedo con una frase que espero que no se me olvide, y para ello la escribo:

“ un hombre es el lugar donde se encuentra “.

Como no llevaba cámara en ese bosque, apenas llevaba ropa, pongo esta foto de mi última visita a Paris, en el mismo tono del árbol sobre el que fijé la mirada en aquel bosque,  un día en el que también encontré a otro de mis yo. Donald Judd, Centro Pompidou, Paris 2019.

Como no llevaba cámara en ese bosque, apenas llevaba ropa, pongo esta foto de mi última visita a Paris, en el mismo tono del árbol sobre el que fijé la mirada en aquel bosque, un día en el que también encontré a otro de mis yo. Donald Judd, Centro Pompidou, Paris 2019.

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